¿Alguna vez te has preguntado por qué ahorras de cierta manera, por qué te cuesta gastar en algunas cosas o por qué sientes culpa cuando compras algo para ti?
Muchas de nuestras decisiones financieras parecen personales, pero la realidad es que nuestra relación con el dinero comienza a construirse mucho antes de que tengamos nuestro primer sueldo.
Y hay algo importante que pocas veces nos detenemos a pensar: nadie nos enseña formalmente a manejar el dinero.
En la escuela aprendemos matemáticas, historia, ciencias y muchas otras materias, pero rara vez alguien nos explica cómo hacer un presupuesto, cómo organizar nuestros gastos, cómo utilizar correctamente una tarjeta de crédito o cómo establecer metas financieras.
Entonces, ¿de dónde aprendemos?
En gran medida, de nuestra familia.
El dinero también se aprende en casa
Desde pequeños observamos lo que hacen nuestros padres, abuelos y otras personas cercanas. Escuchamos conversaciones, vemos cómo se toman decisiones y absorbemos mensajes sobre el dinero, incluso cuando nadie se sienta específicamente a enseñarnos.
Frases como:
- “El dinero no crece en los árboles”.
- “Hay que ahorrar por si algún día hace falta”.
- “Darse gustos es tirar el dinero”.
- “Para tener dinero hay que trabajar muchísimo”.
- “Nosotros nunca hemos sido buenos para ahorrar”.
- “Es mejor comprarlo ahora porque después quién sabe”.
Pueden parecer simples comentarios, pero con el tiempo pueden convertirse en creencias que influyen en nuestra manera de relacionarnos con el dinero.
Por eso, cuando hablamos de relación con el dinero, no solamente hablamos de cuánto ganamos o cuánto gastamos. También hablamos de lo que pensamos, sentimos y creemos cuando el dinero aparece en nuestra vida.
No solo heredamos hábitos, también heredamos creencias
Cuando pensamos en lo que heredamos de nuestra familia, normalmente pensamos en apellidos, tradiciones, recetas o costumbres.
Sin embargo, también podemos heredar determinadas formas de pensar sobre el dinero.
Quizá creciste en una familia donde ahorrar era una prioridad y hoy te cuesta gastar incluso cuando puedes hacerlo.
O tal vez viste que el dinero siempre se gastaba rápidamente y ahora te resulta complicado mantener un presupuesto.
También puede ocurrir que hayas crecido escuchando que hablar de dinero era incómodo, que las deudas eran “normales” o que tener más dinero era algo reservado para otras personas.
Estas ideas pueden acompañarnos durante años sin que nos demos cuenta.
Lo interesante es que haber aprendido algo en nuestra familia no significa que tengamos que repetirlo toda la vida.
¿Tus hábitos financieros realmente son tuyos?
Imagina que cada vez que recibes dinero sientes la necesidad de gastarlo.
¿Es simplemente falta de disciplina?
No necesariamente.
Tal vez aprendiste que recibir dinero significaba aprovecharlo inmediatamente porque en casa no había certeza sobre cuándo volvería a haberlo.
Ahora piensa en lo contrario: tienes capacidad para gastar, pero cualquier compra que no sea indispensable te genera culpa.
¿De dónde viene esa sensación?
Quizá aprendiste que gastar era irresponsable o que el dinero siempre debía reservarse para “cuando hiciera falta”.
La pregunta no es solamente “¿qué hago con mi dinero?”, sino también:
“¿Por qué hago esto con mi dinero?”
Responderla puede ayudarte a identificar patrones que llevas años repitiendo.
La familia puede enseñarnos tanto buenos como malos hábitos
No se trata de culpar a nuestros padres o familiares.
La mayoría de las personas hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas y conocimientos que tenían en ese momento.
Además, seguramente también heredamos hábitos financieros positivos.
Tal vez aprendiste a comparar precios, evitar desperdicios, ahorrar para comprar algo importante, pagar a tiempo o cuidar tus pertenencias.
El problema aparece cuando un hábito que funcionó en determinado momento de la vida deja de funcionar en nuestras circunstancias actuales.
Por ejemplo, ahorrar siempre es positivo, pero ahorrar sin una meta, mientras se mantienen deudas costosas o se descuidan otras necesidades financieras, puede requerir una revisión.
¿Qué frases sobre el dinero recuerdas de tu infancia?
Una buena manera de comenzar a conocer tu relación con el dinero es recordar qué mensajes escuchabas constantemente cuando eras niño.
Pregúntate:
¿Qué decían en mi casa cuando no había dinero?
¿Qué ocurría cuando alguien recibía un ingreso extraordinario?
¿Se hablaba abiertamente de dinero o era un tema del que nadie quería hablar?
¿Ahorrar era una prioridad?
¿Las compras se planeaban o se hacían por impulso?
¿Las deudas eran vistas como algo normal?
Tus respuestas pueden ayudarte a reconocer de dónde vienen algunos de tus comportamientos actuales.
Cambiar tu relación con el dinero comienza por hacerte consciente
No podemos cambiar aquello que no identificamos.
Por eso, antes de intentar aplicar cualquier método para ahorrar, reducir gastos o invertir, puede ser muy útil observar nuestros propios patrones.
Quizá descubras que no tienes un problema con el dinero, sino con determinadas creencias que aprendiste hace muchos años.
También puedes darte cuenta de que sabes generar ingresos, pero nunca aprendiste a administrarlos.
Y eso es mucho más común de lo que parece.
Nadie nace sabiendo manejar el dinero y, en la mayoría de los casos, tampoco recibimos una educación financiera suficiente para hacerlo. Aprendemos observando, imitando y tomando decisiones sobre la marcha.
La buena noticia es que los hábitos y las creencias pueden cuestionarse, modificarse y sustituirse por nuevas formas de tomar decisiones.
No necesitas repetir la historia financiera de tu familia
Tu pasado puede explicar algunos de tus hábitos, pero no tiene por qué determinar tu futuro financiero.
Reconocer lo que aprendiste en casa es un primer paso. El siguiente consiste en descubrir qué necesitas cambiar para que tus decisiones financieras estén alineadas con tus objetivos actuales.
Tal vez necesitas aprender a hacer un presupuesto, organizar tus gastos, establecer metas, controlar tus deudas o comenzar a construir una estrategia financiera.
Lo importante es dejar de actuar en automático.
Finalmente, tu relación con el dinero no está escrita en piedra. Puedes conservar los buenos hábitos que aprendiste de tu familia, cuestionar aquellos que ya no te funcionan y construir nuevas formas de administrar tus recursos.
Para hacerlo acompañado, puedes acercarte a Mónica Torres, coach en finanzas de Tranquilidad Financiera, quien cuenta con amplia experiencia en el sector financiero y asegurador y puede ayudarte a comprender mejor tu situación y tomar decisiones financieras con mayor claridad.
Si quieres comenzar a conocer dónde estás parado financieramente, aplica de forma gratuita el Diagnóstico Financiero y da el primer paso para entender mejor tus finanzas.
No esperes a que el dinero vuelva a convertirse en una fuente de preocupación. Contacta a Mónica Torres y comienza a construir una relación con el dinero más consciente, ordenada y alineada con tus objetivos.
Preguntas Frecuentes
1. ¿Cómo puedo identificar las creencias sobre el dinero que aprendí de mi familia?
Puedes identificarlo observando tus reacciones ante el dinero. Pregúntate qué sientes al gastar, ahorrar, endeudarte o hablar de ingresos y recuerda qué mensajes escuchabas en casa sobre el dinero. Reconocer estos patrones es el primer paso para decidir cuáles quieres conservar y cuáles necesitas cambiar.
2. ¿Cómo puedo cambiar un mal hábito financiero?
Primero identifica qué lo provoca, cuándo aparece y qué comportamiento quieres sustituir. Después establece una acción pequeña y concreta que puedas repetir hasta convertirla en un nuevo hábito.
3. ¿Cómo puedo mejorar mi relación con el dinero?
Comienza por conocer tus ingresos, gastos, deudas, hábitos y objetivos. A partir de ahí, establece prioridades y crea un plan financiero realista que puedas mantener en el tiempo.
